Dua Lipa vs. Samsung: cuando usar una imagen abre más de una discusión sobre propiedad intelectual

El conflicto entre Dua Lipa y Samsung permite analizar qué sucede cuando copyright, marcas, derechos de imagen y posible asociación comercial convergen sobre un mismo activo.

En mayo de 2026, Dua Lipa inició una demanda contra Samsung Electronics America y Samsung Electronics en Estados Unidos por la utilización de una fotografía suya en el packaging de televisores comercializados en ese país.

La cantante reclama al menos USD 15 millones y plantea diferentes fundamentos jurídicos, entre ellos:

  • Infracción de copyright y de marca.
  • Falsa asociación comercial.
  • Vulneración de sus derechos de imagen.

Samsung, por su parte, solicitó que se desestimen distintos aspectos de la demanda:

  • La compañía sostiene que la fotografía no pretendía presentar a Dua Lipa como promotora de sus televisores, sino mostrar contenido disponible a través de Samsung TV Plus. 
  • También afirma que recibió la imagen de un tercero que había asegurado contar con los derechos necesarios para su utilización, incluso en packaging.

El tribunal deberá resolver los planteos formulados por las partes. Pero, independientemente del resultado, el caso permite observar una cuestión más amplia: tener acceso a una imagen no necesariamente implica estar autorizado para cualquier forma de utilización.

Una misma imagen puede involucrar distintos derechos

Cuando una empresa incorpora fotografías, videos, música u otros contenidos de terceros, una de las primeras preguntas suele ser si cuenta con autorización para utilizarlos. No obstante, existe una segunda pregunta igualmente importante: ¿para qué está autorizada a usarlos?

El alcance de una licencia puede depender, entre otros aspectos, del territorio, la duración, los soportes comprendidos y las modalidades de explotación autorizadas.

Por eso, disponer legítimamente de un activo para un determinado uso no significa que ese permiso pueda trasladarse automáticamente a cualquier otro contexto.

El recorrido que realiza una imagen dentro de una organización también importa. Una fotografía inicialmente destinada a ilustrar un contenido digital puede terminar incorporándose a una campaña, una publicación en redes sociales, una pieza publicitaria o el packaging de un producto.

Cada nuevo uso puede requerir revisar nuevamente los derechos disponibles.

Cuando el contexto modifica el mensaje

El caso Dua Lipa vs. Samsung agrega otra dimensión: no solamente importa quién posee los derechos sobre una fotografía, sino también qué puede comunicar comercialmente su utilización.

La presencia de una figura pública junto a un producto puede adquirir significados diferentes según cómo, dónde y para qué se presente.

Ese punto está precisamente en discusión en el litigio:

  • Dua Lipa sostiene que el uso de su imagen podía generar una percepción de asociación o respaldo comercial.
  • Samsung argumenta que la fotografía simplemente representaba contenido que podía visualizarse a través de sus televisores.

La diferencia permite distinguir dos cuestiones que pueden coexistir. Por un lado, están los derechos relacionados con la fotografía como obra. Por otro, pueden surgir cuestiones vinculadas con la identidad de la persona retratada, las marcas y la eventual percepción de patrocinio, aprobación o asociación comercial.

En consecuencia, autorizar la reproducción de una fotografía y autorizar una asociación comercial no son necesariamente la misma cosa.

¿Qué sucede cuando intervienen terceros?

Las empresas rara vez producen internamente todos los activos que utilizan. Agencias, productoras, plataformas, bancos de imágenes, distribuidores y otros proveedores forman parte de una cadena en la que los contenidos circulan y pueden terminar siendo reutilizados en diferentes soportes.

En ese escenario, las garantías contractuales de los proveedores constituyen una herramienta relevante, pero también resulta necesario comprender exactamente qué cubren.

Si un tercero manifiesta contar con determinados derechos, es importante identificar el alcance de esa autorización y verificar si coincide con el uso concreto que realizará la empresa.

Esto cobra especial importancia cuando un activo pasa de un entorno a otro: de una plataforma al packaging, del contenido a la publicidad o de una comunicación editorial a una utilización directamente vinculada con la comercialización de un producto.

De contar con una autorización a gestionar su trazabilidad

El conflicto también invita a pensar la propiedad intelectual como parte de la gestión cotidiana de los activos de una organización.

No se trata solamente de conservar una licencia o una autorización, sino de poder reconstruir la trazabilidad de cada contenido: de dónde provino, quién autorizó su utilización, qué derechos fueron concedidos, para qué territorios y soportes, durante cuánto tiempo y bajo qué condiciones.

A medida que las organizaciones producen, reciben y reutilizan mayores volúmenes de contenido, esta trazabilidad adquiere mayor relevancia.

Un activo puede haber ingresado legítimamente a una compañía y, sin embargo, terminar utilizándose posteriormente de una manera que no había sido contemplada al momento de obtenerlo.

Por eso, la gestión preventiva de estos activos no debería concentrarse únicamente en su incorporación inicial. También resulta relevante revisar qué ocurre con ellos a medida que circulan dentro de la organización y encuentran nuevos usos.

Revisar el uso, no solamente la imagen

El litigio entre Dua Lipa y Samsung todavía deberá avanzar para determinar el alcance de los derechos y responsabilidades de las partes. Pero plantea una cuestión que puede considerarse independientemente de cómo se resuelva el caso: la gestión preventiva de propiedad intelectual no debería terminar al comprobar que existe una autorización. También debería analizar si esa autorización comprende el uso específico que se pretende realizar.

Antes de reutilizar un activo de terceros, en especial cuando involucra la identidad de una persona reconocida, resulta relevante revisar no solamente quién posee los derechos, sino también el contexto, el soporte y la finalidad de la nueva utilización.

Una misma imagen puede ser técnicamente idéntica y cumplir una función comercial diferente cuando cambia el lugar en el que aparece. Es precisamente en ese cambio de contexto donde pueden surgir nuevas discusiones sobre los derechos involucrados.

En otras palabras, la utilización de activos de terceros puede involucrar diferentes derechos y requerir un análisis que contemple tanto el alcance de las autorizaciones como el contexto en el que serán utilizados.

En Vitale, Manoff y Feilbogen asesoramos a empresas y organizaciones en la protección y gestión de sus activos de propiedad intelectual. Contactanos para conocer cómo podemos acompañar a tu organización.

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